“Obviamente ese juego fue el pináculo de mi carrera. Cuando eres un niño pequeño y comienzas a jugar al fútbol, comienzas a soñar con jugar la final de una Copa del Mundo y, finalmente, incluso convertirte en campeón del mundo”, remarcó el oriundo de Hamburgo a este medio. Para Andreas no fue un juego más la final para levantar la Copa del Mundo, ya que aún tenía la espina clavada por lo acontecido cuatro años antes en México: “No lo llamaría venganza, pero una vez que llegaste a la final de un Mundial la querés ganar. Así que perder una final de Copa del Mundo no es divertido al final del día. Y después de 1982 y 1986, estábamos muy motivados para ganar esa final”