Y sobre la media hora, cuando la tribuna de Boca ya se había rendido a los pies del nuevo joven maravilla del fútbol argentino, aplaudiendo cada una de sus intervenciones a pesar de que jugara con otra camiseta, Maradona regaló la última pieza de orfebrería de un artesano sin par. Con la pelota colocada sobre la medialuna del área, luego de una infracción que Armando Capurro le cometió sobre la raya (aunque el árbitro Juan Carlos Loustau lo sancionara afuera), Diego metió un zurdazo violento, que ingresó por el ángulo superior derecho de un Gatti que -adelantado y todo- no hizo más que acompañar la trayectoria con la mirada.