Pisar Europa, con tantas capitales hermosas y con lo que cuesta llegar desde Argentina, para pedir una sola cosa: ir a Nápoles a conocer el San Paolo. Te lo juro: ni la torre Eiffel de Messi en París, ni el Big Ben de Londres donde todos los ingleses te odian, ni la Sagrada Familia de esa Barcelona que te quebró, ni el Museo del Prado en Madrid. Nada de éso (que luego conocí por trabajo un algunas veces). Yo quería conocer Nápoles. O Nápoli. O como carajo fuera. Ese lugar donde hiciste que el pobre fuera rico cada domingo. Ahí entendí, te lo juro, el porqué de "'Vedi Napoli, e poi muori". Y eso que yo no sabía del alemán Goethe. De Alemania, me acuerdo de la carita de un Karl-Heinz Rummenigge el día de la final en México '86 cuando un tal Romualdo Arppi Filho agarró la pelota y marcó el final. ¿Qué decirte o qué escribir que no hay dicho o escrito millones de argentinos?. Insisto, ahora dicen que no saben dónde está tu corazón, Diego. Nosotros, los "cincuentenials maradonianos", sólo sabemos lo que hiciste con el nuestro. Si yo admitiera públicamente con qué se compara esa alegría de México '86 nadie entendería, con la madre de mis hijos a la cabeza. Evitemos problemas "10".