"...El remisero tocaba bocina. Su auto estaba en la misma puerta del hotel. No había más nada que hacer: tendría que pelear sin infiltración... Aparecieron dos médicos argentinos radicados en Roma... Nunca supimos de dónde los habían sacado... La cuestión es que uno me agarró una mano y el otro la otra... Cuando terminaron salimos volando. Yo me enchufé la bata y un sobretodo arriba. En el auto me fui ajustando los cordones de las botitas...". (Carlos Monzón en "Mi verdadera vida").


































