Hace poco se cumplieron 15 años de un caso que conmocionó al mundo River. En una reunión entre todos los futbolistas, Eduardo Tuzzio pidió la palabra para contar que Horacio Ameli, compañero de zaga central, mantenía una relación sentimental con su mujer desde hacía dos meses. Ante la mirada absorta del plantel, Tuzzio explotó: “Les quiero contar a todos lo que hizo este hijo de mil p... que decía ser mi amigo. El malparido se está acostando con mi mujer desde hace dos meses”.
River venía de golear a Almagro de visitante y era puntero del Clausura. También debía afrontar las etapas decisivas de la Copa Libertadores. Pero por delante no tenía mayor desafío que resolver una convivencia sobre la que habían derramado un volquete de nitroglicerina. No se trataba sólo de Ameli y Tuzzio, sino también cómo se posicionaba el resto, ya que nadie podía permanecer indiferente.
Hace poco, Leonardo Astrada, el director técnico en aquel momento, comentó: “Fue un momento difícil, una situación que nunca esperé”. El ex arquero Franco Costanzo, compañero de los involucrados, señaló recientemente: “Afectó mucho, fue dificilísimo llevarlo a nivel vestuario, fue lo más fuerte que viví dentro de un plantel. Que agarré del cuello a Ameli, como se dijo, es mentira. Para mí fue muy duro porque era amigo de los dos. Hablé con ambos y no tomé partido por ninguno. No soy quién para hacer un juicio de valor”.
Gastón Fernández, otro integrante de aquel plantel, hace unos días comentó las consecuencias de aquel impacto: “El equipo estaba en un momento bárbaro y esa situación rompió la armonía. Fue algo complicado de manejar. Cuando hay una ruptura de ese tipo, es difícil que un equipo tenga éxito”.
El presidente José María Aguilar transitaba el cuarto año del primero de sus dos mandatos (2001/2009, período en el que River obtuvo cuatro títulos locales mientras recrudecían las fuertes internas en la barra brava, que alcanzaron un punto de ebullición con la batalla de los quinchos en 2007). Aguilar recordó aquella circunstancia tan especial: “Fue una situación muy perturbadora hacia adentro y de repercusiones incalculables hacia afuera. La infidelidad, escenificada en el principal equipo de la Argentina, despierta una curiosidad y sensibilidad insuperables”.
El dirigente admitió que fue una dicotomía: “La postura más estricta implicaba separar a ambos futbolistas para evitar los ruidos consecuentes, pese a que nadie podía asegurar que esos mismos ruidos no provocaran divisiones en un equipo que estaba en plena competencia. La permanencia de ambos era una prueba de liderazgo muy severa para el cuerpo técnico y los dirigentes, y un mensaje muy claro en cuanto a las reglas a seguir. Optamos por la segunda opción, la de que los dos permanecieran en el plantel. Le dimos prioridad al aspecto deportivo”.
Aguilar continuó con el relato de aquellos febriles días: “Evitamos un castigo sobre alguien en particular por una cuestión humana que se plantea en diferentes ámbitos, sean de trabajo o amistosos. Lo decidí después de reunirme con ambos, sin pretender que me contaran lo que había pasado, sino para saber el compromiso que tenían con River. La cuestión también fue conversada con otros futbolistas, con parte de la dirigencia y con el cuerpo técnico que componían Astrada y Hernán Díaz”.
De un día para el otro, el entorno se alteró, de acuerdo con el testimonio de Aguilar: “En todo el club se generó una situación muy desagradable, cambió la fisonomía y el ambiente que se respiraba. Fue algo de muy alto impacto. Mi obligación era guardar la discreción. Tampoco me correspondía conocer los detalles íntimos del asunto. Es un tema que me cuesta mucho, que me llevó a enfrentarme con conductores de programas de chimentos. Hubo más rebote fuera de las canchas que adentro. Y eso que todavía no estaban en auge las redes sociales”.
“Era un gran equipo”, lo definió Aguilar. Superó la eliminatoria por la Libertadores ante Liga Deportiva de Quito con un cómodo triunfo en el Monumental. Luego llegó la serie frente a Banfield. Tras el 1-1 de la ida, River lo venció 3-2 en el Monumental. En las semifinales le tocó San Pablo (derrotas 2-0 en Brasil y 3-2 en el Monumental): “Nos eliminó un equipazo, que luego fue el campeón. El partido de visitante por poco no se suspende por el escándalo que provocó la policía, que reprimió de una manera terrible. Igual, River podría haber ganado y ahí sí creo que tuvo influencia esta cuestión de Ameli y Tuzzio. Había un acumulado y el hartazgo empezaba a correr”.
A la decepción en el frente internacional, River le agregó un desplome en el Clausura. Desde que se destapó el affaire, no volvió a ganar. Rescató dos empates (Lanús e Independiente) y sufrió seis derrotas (San Lorenzo, Olimpo, Boca, Gimnasia, Vélez y Central). Finalizó en el décimo puesto, a 12 puntos del campeón Vélez.
Aguilar sacó sus conclusiones: “Seguramente en el plantel se formó un grupo amelista y otro tuzzista. Por el tratamiento mediático que se le dio, Tuzzio quedó como el bueno y Ameli como el malo. Para Ameli significó el final de su carrera. Fue el más perjudicado, yo me quedé mal por eso. Tuzzio fue egoísta, ocupó el papel de víctima, lo cual le dio el apoyo de gran parte del plantel. No sé si Eduardo era víctima, porque tampoco estoy seguro de que las haya en este tipo de situaciones. No me meto en cuestiones personales, pero sí digo que la manera de manejarse de Tuzzio provocó una bomba”.
A mediados de 2005 Ameli y Tuzzio fueron separados del plantel. Tuzzio se fue al Mallorca. Astrada renunció y su reemplazante, Reinaldo Merlo, se encontró con la negativa del plantel cuando quiso tener en cuenta a Ameli, que volvió a Colón, donde se retiró un año después, poco antes de cumplir los 32 años.