“Dios mío, voy a llegar tarde”, dice el conejo blanco una y otra vez. Sergio Massa sabe que no está en el cuento de Lewis Caroll, y que la Argentina no es el país de las maravillas de Alicia sino el del gobierno fallido de Alberto, diseñado por Cristina. Pero igual que el escurridizo personaje de ficción, corre contra el reloj acosado por las paranoias de la política, buscando dólares que compren tiempo -cada vez más escaso- para que el trauma se disimule lo mejor posible en 2023, antes de las urnas.































