La deuda pública y privada forma parte desde hace tiempo de la vida cotidiana de los argentinos. En los últimos meses, el aumento de la morosidad en los créditos familiares volvió a instalar el tema en el debate público.
El endeudamiento de las familias argentinas y los porcentajes de morosidad de estos se ha convertido en uno de los temas principales de la discusión pública nacional. Que características tiene, que nuevos instrumentos caracterizan a la época, que dice de la sociedad argentina actual.

La deuda pública y privada forma parte desde hace tiempo de la vida cotidiana de los argentinos. En los últimos meses, el aumento de la morosidad en los créditos familiares volvió a instalar el tema en el debate público.
Con rasgos propios de esta época, como el auge de las fintech, los casi seis millones de morosos reflejan un fenómeno ligado al esfuerzo de los hogares por evitar el descenso social, que ya adquirió dimensión macroeconómica.
Ariel Wilkis es doctor en Sociología por la École des Hautes Études en Sciences Sociales y la Universidad de Buenos Aires. Autor de Una historia de cómo nos endeudamos y, junto con Mariana Luzzi, de El dólar. Historia de una moneda argentina, ha analizado en detalle la democracia argentina desde 1983 a través del endeudamiento de las familias y sus causas.
“-Escribiste que las deudas ofrecen claves para interpretar cada época. ¿Cuáles consideras que son las claves para comprender la actualidad?”
-Hay varios elementos clave. Uno son las que llamo “deudas de sacrificio”. No surgieron con este gobierno, pero sus políticas las profundizaron. Se trata de deudas que forman parte de una lógica más amplia de esfuerzo familiar para llegar a fin de mes y evitar el descenso social. Identifico su crecimiento desde 2018, su profundización durante la pandemia y el régimen de alta inflación con el que terminó el gobierno de Alberto Fernández. A su vez, la política de estabilización y ajuste del gobierno de Milei las llevó a un nuevo nivel. Estas deudas tienen hoy una particularidad: se volvieron morosas. La expansión del crédito formal —bancario y no bancario— permitió a las familias acceder a préstamos que luego se hicieron difíciles de pagar, tanto por el aumento previo de las tasas de interés como por la caída de los ingresos.
-También escribiste que en la historia argentina las deudas pasaron de ser una herramienta del ascenso social a un instrumento para evitar frenar aún más la caída del descenso social. También describís a las deudas tomadas por la clase media en la década del 80 como deudas de caída. Relaciono estas dos definiciones para preguntarte si por el endeudamiento de la clase media no estamos en una situación similar a fines de los 80.
-Precisamente, pienso este período en espejo con fines de la década de 1980, cuando sectores de clase media pasaron a integrar una "nueva pobreza" como consecuencia de su descenso social. En ese contexto, las deudas cumplen un papel central: amortiguan y retrasan la caída, al tiempo que permiten sostener los niveles de consumo y la identidad de clase media. Ese endeudamiento expresa también el esfuerzo de las familias por conservar su lugar en la estructura social. Ese esfuerzo se volvió especialmente visible desde el año pasado, aunque forma parte de un proceso más largo y estructural. La comparación entre ambos períodos muestra que, más allá de los instrumentos crediticios específicos, gran parte del endeudamiento actual de los hogares argentinos es una deuda de sacrificio contraída para evitar el descenso social.
-Distinguís entre el crédito destinado a quienes tienen recursos y el dirigido a quienes no los tienen Caputo anunció préstamos hipotecarios para personas con ingresos cercanos a los 3,5 millones de pesos, mientras que el 25 % de los morosos adeuda hasta 150 mil pesos. ¿Este contraste ejemplifica las dos argentinas crediticias que describís?
-Sí. Siempre intento analizar en qué medida los mercados contribuyen a la desigualdad social. La paradoja es que un gobierno que, hasta hace poco, sostenía que el crédito era un acuerdo entre privados, ahora impulsa una política estatal para ampliar la oferta de préstamos hipotecarios, un instrumento que puede reducir la desigualdad. Al mismo tiempo, otra parte del mercado, dominada por las fintech, ofrece créditos de bajo monto para cubrir necesidades inmediatas. Algunos consideran que la baja morosidad y los montos reducidos indican que no existe un problema ni para el sistema financiero ni para los hogares. Yo sostengo lo contrario: si una familia no puede afrontar siquiera una deuda pequeña, eso revela la gravedad de sus dificultades económicas. Además, esos montos representan solo una parte del endeudamiento, porque desconocemos la magnitud de las deudas informales, que es muy elevada.
-Hay muchas deudas intrafamiliares.
-Exactamente, con familiares, con amigos, con prestamistas
-Como explicas en el libro, cada época tuvo un instrumento de financiación característico: los planes de ahorro en los años ochenta, los créditos en dólares en los noventa, las tarjetas de crédito durante el kirchnerismo y los UVA con Macri. ¿Hay alguno que distinga al período actual?
-La principal novedad es el protagonismo de las billeteras virtuales y las fintech en ciertos tipos de crédito. No desplazan por completo a las fuentes anteriores, sino que complementan la financiación de bajo monto que antes ofrecían financieras, prestamistas o conocidos. Aunque comparten con el crédito informal la baja institucionalidad y los montos reducidos, estos préstamos son otorgados por empresas privadas dentro del mercado formal.
—Buena parte de quienes se endeudan pertenece a los sectores de menores ingresos. Señalaste que, para estas personas, dejar de pagar una deuda suele ser el último recurso, porque conservar el acceso al crédito es esencial para subsistir. ¿El aumento de la morosidad en estos sectores indica que ya agotaron todas las alternativas?
—En parte sí y en parte no. Hay que considerar las distintas deudas que manejan estos sectores. La morosidad registrada muestra solo los compromisos formales, pero los hogares también deben dinero a familiares, amigos, prestamistas o comercios. Es posible que prioricen esas obligaciones para preservar vínculos de confianza o mantener el acceso a bienes esenciales, como el fiado para comprar alimentos, y posterguen el pago a una fintech. En ese equilibrio, las familias hacen malabares y refinancian unas deudas con otras.
—Según un informe de la Unión Industrial Argentina, entre diciembre de 2024 y junio de 2026 la morosidad del sector industrial se multiplicó por cinco, al pasar del 0,7 % al 3,8 %. ¿Te dice algo que este problema, que también afecta a las familias, alcance a sectores con mayor respaldo y acceso a recursos?
—Existe una relación estrecha entre la situación de las empresas y la de los hogares. Cuando cae la actividad y las compañías pierden ingresos, retrasan el pago de salarios, suspenden personal o despiden trabajadores. Esta dinámica se refleja en la economía familiar: la contracción de sectores clave y generadores de empleo —como la industria, la construcción y el comercio— reduce los ingresos de trabajadores privados, informales y públicos. La caída simultánea de la actividad y de los ingresos alimenta así el aumento de la morosidad.
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