Mientras algunos familiares decidieron quedarse en el lugar de la explosión, sin quitarle los ojos a los brigadistas, otros están viviendo su vigilia en el Centro de Especialidades Médicas Ambulatorias (Cemar), donde se concentra la información oficial sobre el operativo de rescate.
En el bar y en el hall del centro médico, repleto de miradas perdidas y sollozos reprimidos, decenas de familias aguardaban alguna novedad sobre sus seres queridos. “El último contacto con mi hijo Santiago lo tuve el lunes a la noche. El martes, me empezaron a llamar sus amigos por teléfono para preguntarme dónde estaba Santi porque había habido una explosión en su edificio. No supe nada más de él.































