Que los adolescentes de hoy no son los mismos que los décadas atrás, es evidente; pero que en este tiempo se percibe con claridad que los verdaderos cambios generacionales se originan a partir del conocimiento y la educación, es innegable. Desde que fue sancionada la ley de Educación Sexual Integral (ESI) en 2006 ya han pasado doce años y desde ese momento la norma nacional buscó garantizar el “derecho a recibir educación sexual integral en los establecimientos educativos”, articulando saberes “biológicos, psicológicos, sociales, afectivos y éticos”. Bajo este paraguas ha crecido la generación que hoy, años más o años menos, se encuentra en plena adolescencia.

































