Mientras la paranense Ludmila Carrere cursaba en la Universidad Católica de Santa Fe, intentó buscar el punto de encuentro entre dos aficiones que la acompañaban desde siempre: el arte plástico y la arquitectura.
Cómo los entornos construidos influyen en el comportamiento de las personas. La arquitecta Ludmila Carrere realizó un Máster Universitario en Neuroarquitectura de la Universidad de Alicante en España.

Mientras la paranense Ludmila Carrere cursaba en la Universidad Católica de Santa Fe, intentó buscar el punto de encuentro entre dos aficiones que la acompañaban desde siempre: el arte plástico y la arquitectura.
Empezó a preguntarse por qué una obra de arte puede conmovernos y un espacio también puede cambiar cómo nos sentimos. "Siempre me apasionó la estética. Quise indagar sobre qué ocurre en nuestro cerebro cuando contemplamos o producimos una obra de arte", compartió.
Con el tiempo comprendió que esa búsqueda podía trasladarse a la arquitectura, entendida no solo como la construcción de edificios, sino como el diseño de experiencias para quienes habitan los espacios.
Esa inquietud la llevó a realizar el Máster Universitario en Neuroarquitectura de la Universidad de Alicante en España, el primero de habla hispana dedicado específicamente a este campo. Mientras cursaba las últimas materias de Arquitectura obtuvo una admisión excepcional para comenzar la formación.
Se graduó como arquitecta en diciembre de 2024 y, en 2025, finalizó el máster con Matrícula de Honor gracias a un trabajo sobre el diseño de patios escolares para ampliar las oportunidades de experiencia creativa, en niños de 6 a 9 años desde un enfoque inclusivo. Hoy, con 35 años, continúa creando y diseñando proyectos que siguen los principios de investigación en Neuroarquitectura.
La neuroarquitectura es un campo de estudio que analiza cómo los entornos construidos influyen en el comportamiento de las personas y busca incorporar evidencia científica al proceso de diseño.
Aunque arquitectos de distintas épocas ya habían aplicado estrategias para mejorar el bienestar a través del espacio construido basándose en la experiencia y en la intuición, hoy se puede complementar la observación con evidencia proveniente de las neurociencias, la psicología ambiental y, en algunos casos, de la neurotecnología. Eso ayuda a comprender mejor cómo las personas interactúan con los espacios.
Carrere aclara que la disciplina no ofrece fórmulas universales: "No existe una combinación de colores, formas o materiales que funcione igual para todo el mundo. La percepción depende de la historia, las experiencias, las necesidades y las características de cada persona".
Durante un año de cursado intensivo trabajó junto a arquitectos, neuropsicólogos, terapeutas ocupacionales e investigadores, reforzando el carácter interdisciplinario del campo.
Durante la entrevista, la arquitecta insiste en una idea que atraviesa toda su formación: la necesidad de pasar de respuestas estandarizadas a miradas más atentas a cada usuario. "La arquitectura no puede desvincularse de las experiencias concretas de quienes habitan los espacios, especialmente cuando se trata de personas con requerimientos específicos", agrega.
Esa mirada se gestó en gran parte por su propia experiencia. Acompañar a familiares dentro de un hospital, la llevó a observar que ciertos estímulos ambientales favorecían más su bienestar que otros, y a entender que los espacios no son neutrales y pueden influir en la calidad de vida de las personas.
"El máster nos abrió la cabeza sobre este diálogo que existe entre el cuerpo y el espacio: cómo la información del espacio entra en el cuerpo, cómo esa información nos modifica, cómo reaccionamos, y cómo esa reacción modifica el espacio", compartió.
En su tesis, Ludmila investigó cómo un patio escolar puede convertirse en un escenario con herramientas para fomentar la creatividad, el aprendizaje activo y la inclusión. El proyecto incorporó estrategias vinculadas con la integración sensorial, la accesibilidad cognitiva, el contacto con la naturaleza y espacios de regulación para niños con autismo (TEA) y trastorno de déficit de atención e hiperactividad (TDAH).
La premisa fue clara: diseñar pensando primero en quienes suelen encontrar más barreras, para construir entornos que finalmente resulten beneficiosos para todos.
Actualmente, la arquitecta aplica estos conocimientos en proyectos profesionales de distinta escala. Desde viviendas, escuelas, hasta espacios gastronómicos. Su metodología parte de una pregunta que considera esencial: qué experiencias tendrá la persona que va a habitar ese lugar.
Más que una disciplina científica, Carrere también entiende la Neuroarquitectura como una oportunidad para situar a las personas en el centro del diseño. Por eso también aspira a que estos temas puedan acercarse cada vez más a la formación de grado.
Deslumbrada por esta nueva concepción de la arquitectura, Ludmila expresa el deseo de acercar estos conocimientos a su casa de estudios: "Estamos en un cambio de paradigma. El espacio ya no debería responder a la máquina, sino que debería responder 100% a las necesidades del ser humano", remarca.
La UCSF ofrece la carrera de Arquitectura en sus sedes de Rosario, Rafaela y Santa Fe. Las inscripciones ya están abiertas. Toda la oferta académica, presencial y a distancia está disponible en www.ucsf.edu.ar. Para mayor información sobre requisitos o beneficios por inscripción temprana, dirigirse al correo ingresouniversitario@ucsf.edu.ar o por WhatsApp al 342 5371285.
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