En octubre de 1959 vio la luz un personaje de historieta que estaría destinado a convertirse en uno de los más populares de la segunda mitad del siglo XX. Como nuestro “Patoruzú”, pero con acento francés, se ganó el cariño de los lectores por sus aventuras con sabor a clásicos, plagadas de humor. Capaces de atraer a los más jóvenes con sus gags y a los adultos con sus referencias culturales (algunas inclusive difíciles de desentrañar), sus elaborados juegos de palabras y sus dibujos de altísima calidad.



































