A su manera, el cineasta polaco Roman Polanski se valió de los códigos de distintos géneros a lo largo de su carrera. Inclusive, en un gesto inesperado para un director tan preocupado por el ángulo más sombrío del ser humano (algo comprensible si se analiza su infortunada vida), se introdujo en la aventura en “Piratas” (1986). De modo que su rasgo autoral hay que buscarlo en el carácter trágico, siniestro y hasta nihilista de sus criaturas. Aún en sus trabajos más esperanzadores (como “El pianista”, de 2002) es mucho más el tiempo que dedica a describir el sufrimiento que a mencionar que, pese a todo, existe una salida.































