Francis Ford Coppola fue parte de la camada de directores que, en la década del ‘70, renovaron el cine americano desde la autoconciencia (“saber que se sabe y saber qué se sabe”, en términos de Ángel Faretta). Para esos cambios estructurales, hubo una película clave: “El padrino” que este año cumplió 50 años y demostró, con su reestreno en los cines, su vigencia a partir de los nuevos contextos. Es que, como las obras teatrales de William Shakespeare, va tan al fondo de la condición humana que seguirá funcionando por los siglos de los siglos en su vínculo con los espectadores. Sin embargo, el mayor logro de Coppola es alcanzar ese nivel de reflexión a través de un relato (absorbente, entretenido y modélico) sobre una familia de mafiosos que debe reencontrar su rumbo.



































