Desde que el director William Friedkin adaptó para el cine la novela “El exorcista” de William Peter Blatty, los exorcismos en la pantalla grande fueron frecuentes. Antes se habían hecho films magistrales sobre satanismo (“La séptima víctima” en 1943 y “El bebé de Rosemary en 1968) pero en este caso el eje se colocaba en la pelea (al final, cuerpo a cuerpo) entre dos sacerdotes católicos y el “príncipe de las tinieblas”, que ha poseído a una niña llamada Regan en el corazón mismo de Estados Unidos, es decir Washington.
































