¿Cual puede ser la motivación para que un espectador de cine de principios de 2023 vea una película de terror italiana filmada hace casi medio siglo, que en la superficie parece haber envejecido, sobre todo si se consideran las variantes actuales del género y que forma parte de la filmografía de un director que sigue en actividad a sus 82 años, pero cuyas obras recientes palidecen notoriamente respecto a sus vigorosos inicios? Simplemente porque una amplia vertiente del terror cinematográfico es lo que es el día de hoy, con defectos y virtudes, debido a sus aportes.

































