"No te he roto el corazón, lo has roto tú; y al romperlo, has roto el mío".
La nueva adaptación de la novela, protagonizada por Margot Robbie y Jacob Elordi, reabre las conversaciones en torno a un clásico inagotable. Un repaso por las versiones más importantes que llevaron la tragedia al cine.

"No te he roto el corazón, lo has roto tú; y al romperlo, has roto el mío".
El estreno de la nueva adaptación de "Cumbres borrascosas", protagonizada por Margot Robbie y Jacob Elordi vuelve a poner en el centro de la conversación cultural a una de las novelas más turbulentas del siglo XIX.
La historia de Heathcliff y Catherine, concebida por Emily Brontë, atravesó generaciones, idiomas y geografías. Cada época la leyó enfatizando algún aspecto: pasión romántica, violencia de clase, deseo de venganza o tragedia gótica.
El regreso de "Wuthering Heights" (tal es el título original de la novela) invita a revisar las mejores versiones cinematográficas aquellas que dejaron huella y trataron de refundar, si eso es posible, el mito.
Hablar de "Cumbres borrascosas" (1939) es hablar de William Wyler, uno de los artesanos del Hollywood clásico. Su adaptación convirtió la novela en una tragedia romántica de alto voltaje, en pleno auge del cine de estudio.
Protagonizada por Laurence Olivier y Merle Oberon, la película apostó por una fotografía expresionista y por una lectura estilizada del conflicto. Wyler suavizó ciertos aspectos ásperos de la novela para construir un relato trágico acorde al gusto del público de la época.
Fue, para muchos, la versión definitiva durante décadas, moldeada por la elegancia narrativa del sistema de estudios, donde la pasión se filmaba con niebla y claroscuro.
En 1953, Luis Buñuel llevó la historia al territorio mexicano con "Abismos de pasión". El director encontró en Heathcliff un personaje atravesado por el deseo, la pulsión y la violencia social. Su versión intensifica el costado oscuro del relato.
Lejos del romanticismo edulcorado, Buñuel convirtió la novela en un análisis del deseo destructivo. Su "Cumbres borrascosas" mexicana es, todavía hoy, una de las adaptaciones más audaces y personales.
En 1985, el francés Jacques Rivette (un referente de la Nouvelle Vague dos décadas antes) presentó "Hurlevent". Su propuesta fue fiel al espíritu original, pero totalmente experimental.
Rivette trasladó la acción a la Francia rural del siglo XIX y apostó por un tempo pausado, casi hipnótico. La violencia se despliega lentamente, en silencios y miradas.
Su cine, más interesado en los procesos que en los clímax, convirtió a "Cumbres borrascosas" en un estudio sobre el tiempo, la repetición y la imposibilidad de escapar al pasado.
Una de las versiones más fascinantes es la realizada en 1988 por Yoshishige Yoshida. El director japonés ambientó la historia en el Japón medieval, inspirándose en la novela de Brontë y en los cuentos tradicionales japoneses sobre fantasmas.
En su lectura, Heathcliff se funde con la figura del espíritu errante. La obsesión amorosa adquiere tintes espectrales. La naturaleza ya no es el páramo inglés, sino un territorio cargado de simbolismo ancestral.
La versión dirigida por Peter Kosminsky en 1992 devolvió la historia al ámbito británico, con una apuesta más fiel al tono sombrío de la novela.
Protagonizada por Juliette Binoche y Ralph Fiennes, esta adaptación recuperó la rudeza del vínculo entre Heathcliff y Catherine. Fiennes compone un personaje más atormentado, marcado por la humillación y el resentimiento.
Kosminsky, con una mirada más realista, devolvió al relato su dimensión social: la violencia de clase, el desarraigo y la marginalidad. Para muchos críticos, fue la versión que mejor capturó el espíritu áspero de Emily Brontë.
En este contexto histórico, la nueva versión con Margot Robbie y Jacob Elordi se inscribe en una tradición de relecturas que dialogan con su tiempo. El desafío no es menor: ¿cómo reinterpretar una historia tan filmada sin repetir fórmulas?
El atractivo de esta nueva adaptación de "Cumbres borrascosas" está en su potencial para acercar el clásico a nuevas generaciones, en una era dominada por las plataformas y la circulación global de contenidos.




