En 1994, un joven veinteañero de pelo largo y carisma inocultable invitaba, a través de un hit que sonaba en todas las radios del país, a “tratar de estar mejor”. Eran años llenos de contrastes y claroscuros, pero la canción funcionaba como un bálsamo, un llamado a revalorizar esos momentos pequeños “que van a quedar, en lo profundo del alma”. Treinta años más tarde, en una Argentina tan compleja como entonces, Diego Torres sigue proponiendo bajar un cambio, mirar alrededor, separar la paja del trigo y revisar cuáles son las cosas importantes por las que vale la pena seguir adelante.

































