Hay películas que nacen con el propósito de incomodar. Un ejemplo es “La naranja mecánica”, conocida por su violencia extrema o “Saló o los 120 días de Sodoma”, con escenas de abuso y degradación. No siempre logran hacerlo por las razones correctas. “Emilia Pérez”, del francés Jacques Audiard, encendió un debate que trasciende lo cinematográfico y se adentra en cuestiones éticas y culturales.


































