Un breve repaso por la vida de Tocco nos ofrece claves de lectura, tentándonos a ir en la pesquisa de una bitácora. El autor aclara que, a pesar de que la novela “sea muy autobiográfica”, él se propone avanzar “más allá de la experiencia personal”. Ir “en contra de cierta literatura del yo”, dice, haciendo lugar a “las miradas de los otros”. Por esto Piero no narra nunca, es narrado. Está en un fuera de campo permanente y, paradójicamente, es la ausencia la que lo vuelve más presente. “Cuando uno se va, queda ese fantasma en la memoria de los que se quedaron. Al hablar de él, todos hablan de sí mismos: hablan de él en función de lo que él representó para ellos. Esto está tomado de dos libros. Por un lado, de ‘Boquitas pintadas’ (Manuel Puig), en donde Juan Carlos Etchepare nunca aparece en alguna línea de un diálogo; aparece en las notas de la agenda y en los calendarios. Y, después, de una novela de un escritor sudafricano que me gusta mucho: John Maxwell Coetzee; la novela se llama ‘Verano’. Es, también, una novela autobiográfica, pero contada desde labios ajenos”.