Martínez refirió en más de un medio a una construcción del horror ligada a la locura, lo cual lleva a preguntarnos sobre el modo de operar de determinados estímulos en los sentidos. Poe y Highsmith son algunos de los nombres a los que dio entidad el autor bonaerense, podría sumarse la atmósfera de “El silenciero” de Antonio Di Benedetto. “Una novela mía, quizá la menos leída, se llama ‘La mujer del maestro’. Empieza con el protagonista a la espera de que le abran una puerta. En el silencio que hay en esa especie de café-librería, él empieza a escuchar los ruidos en círculos cada vez más amplios”, introduce abriendo la constelación. “Casi siempre no estamos totalmente atentos a los sentidos. Ciertas situaciones nos ponen en una posición en que el sentido tiene algo de enloquecedor, de obsesivo. Tanto si crece como si disminuye, porque uno siente que va a volver a crecer. Y es como si toda la atención quedara prendida, en el caso de este cuento, de ese llantito a la noche. Porque le trastorna la vida al protagonista y es algo que pareciera que no va a cesar. Es una especie de condena que le cae apenas se muda. Habrás visto que la gente se mata por el volumen de la música (ya estamos como sociedad medio desquiciados). Son la clase de estímulos que, a veces, desatan estas conductas o desmesuras”.