Según la Real Academia Española, perturbar es “inmutar, trastornar el orden y concierto, o la quietud y el sosiego de algo o de alguien”. Eso es lo que le ocurre a los personajes de los relatos incluidos en “Una felicidad repulsiva”, de Guillermo Martínez, que acaba de reeditar Planeta. Y, por extensión, al que se atreve a sumergirse en esos pequeños mundos que conservan, al mismo tiempo, cierta autonomía pero que encadenados integran un cosmos mayor, donde lo que prevalece es el desconcierto. Hay algo que se desajusta y que deriva en un interrogante para el lector ¿Cómo se va a reacomodar esa estructura que acaba de ser subvertida?



































