La creciente ola de cancelaciones de conciertos en Estados Unidos encendió una señal de alerta en la industria del entretenimiento global. El fenómeno, bautizado en redes sociales como “blue dot fever” (“fiebre del punto azul”), refleja una realidad incómoda para artistas, promotores y productores: cada vez más shows presentan enormes cantidades de entradas sin vender y terminan siendo suspendidos o reprogramados.

































