La Peste que avisó al mundo que no estábamos ni seguros ni a salvo nos dejó, en Argentina, desnudos y a los gritos. Otro lenguaje desde entonces, otro desparpajo, diferente comportamiento para con el vecino y las relaciones, que no fueron las mismas, y el cachetazo... que no se ha ido. Hay, claramente, una manera diferente de relacionarse con el propio cuerpo, lo que queda de él tras el desgaste diario y las relaciones. Los humanos no somos si no somos en relación, en vida de relación. Esto le da otro valor a Muscari. Y a su expresión más valiosa, su teatro. Creo que su lugar aparece, visible y límpido, después de La Peste. Se terminaron las sospechas.

































