Por Ignacio Andrés Amarillo
iamarillo@ellitoral.com
El histórico conductor radial, DJ y generador de espacios para la música en vivo falleció anoche a los 79 años.

Por Ignacio Andrés Amarillo
iamarillo@ellitoral.com
Anoche, a los 79 años, luego de lucha contra una larga enfermedad falleció el mítico Enzo Bergesio: conductor radial, DJ y generador de espacios para la música en vivo, los tradicionales Lunes del Paraninfo. No era su único vínculo con la Universidad Nacional del Litoral: fue en LT10 y FM La X donde realizó sus programas más destacados, y durante la mayoría de sus ediciones fue jurado de la Bienal de Arte Joven.
Efervescencias
Con su programa “Progresivo”, en la década del ’70, fue a la vez uno de los difusores de los nuevos sonidos que llegaban desde allende los mares, al mismo tiempo que impulsaba la creciente escena santafesina (quizás compartiendo ese honor con Emilio Toibero en El Litoral), y fue parte de una movida que pisó la isla Berduc y vio en Miguel Bertolino a una de sus figuras más promisorias, para luego perderlo tempranamente antes de que la larga noche se cerniese sobre el país.
A la vuelta de la democracia, supo canalizar la efervescencia que había en el ambiente y, junto a Yayo Milanesi, ponerle el cuerpo y la cara al ciclo de los lunes. Los músicos de afuera no podían creer: “En Buenos Aires, terminamos de tocar y cada uno a su casa, acá nos llevan a comer y la seguimos”, dijo alguno de aquellos. Fue en ese ciclo donde una asustada Silvina Garré debutó como solista, donde Adrián Abonizio estrenó temas que permanecieron inéditos (hasta ser rescatados por el pronto grabador de Rodolfo Paolantonio). Donde Juan Carlos Baglietto tuvo sus primeras entrevistas, y nunca dejó de agradecérselo.
Al mismo tiempo, los artistas santafesinos nunca se vieron privados de participar, sino que era condición que compartiesen escenario con las luminarias: Pasamanos, Vitral, Anzak y muchas otras agrupaciones estuvieron junto a Leo Maslíah o Magma (uno de los referentes de la Alternativa Musical Argentina).
El “Nuchi”, como lo llamaban muchos de los que lo querían, podía combinar esa actividad con su trabajo en la Empresa Provincial de la Energía, en el área de Electrificación Rural (su hermano Oscar, el Flaco, también fue parte de la EPE, o la DPE, como se la llamaba en los ’80). Ya había sido DJ en varios boliches entre fines de los ’70 y principios de los ’80, siempre vinculado con la música, compartía con sus amigos de entonces (como un tal Pedro Amarillo, padre de quien suscribe) sonidos nuevos a los que él accedía y por ahí otros no, en tiempos muy diferentes a la accesibilidad global del presente.
Aperturas
Como conductor de sus ciclos, especialmente la larga etapa de “El Rescate”, era puntilloso: la alta pila de CD físicos en una mano, la prolija lista pasada en máquina de escribir en la otra. Los operadores no podían equivocarse. Son testigos de ello Fernando Fernández, Fernando “Cuqui” Retamar, Gastón Pignata, Maximiliano Marano, Martín Rueda, Gabriel Parajón y el “favorito”, José Luis “Black” Moya, el único que le decía “tío”, su compañero de varias andanzas.
Los conductores de los programas que lo precedían (como Jorge “Coqui” Toum y Leandro Fridman, durante los tiempos de “Sincronicemos Relojes”) y sus columnistas siempre se quedaban un ratito para ver el arranque: el primer tema, una corta bienvenida a la audiencia y después de lleno a la música, a esa que no se escuchaba en otros lados: “Buscamos que no sea la repetición del éxito que está imponiendo un sello grabador. No nos interesa: no recibimos ni coimas ni difusión del material. (...) Por ahí, está el convencimiento de que si paso lo que se escucha todo el día me escuchan más: creo que no es así, hay un montón de gente que quiere escuchar un programa donde hay otro tipo de música, a ver cómo es, por lo menos”, le contaba a El Litoral en 2010. Veterano de mil batallas, encontró apoyo en jóvenes como Federico Ulla (otro de sus grandes laderos en los últimos años), Sebastián Alarcón, Iván Greschuk y Victoria Sansó de la Madrid (entre otros), y de la mano de ellos se vinculó con la música y los artistas de las nuevas generaciones.
Ojo atento
Respaldo similar encontró en su sobrina Paula (prima segunda de quien suscribe: en Santa Fe los seis grados de separación son muchos menos) y en Florencia Russo, apoyando la creación de nuevos ciclos en el contexto de la secretaría de Cultura de la UNL y en su actividad como decano del jurado de la Bienal.
Como jurado (tanto como entrevistador) nunca le faltó una palabra de estímulo o de reconocimiento a los jóvenes y pujantes artistas. Pero por lo bajo podía ser tan ácido sobre una presentación en vivo o un material discográfico como su hermano Oscar sobre un partido de Unión. Y siempre tenía una anécdota para contar, en el patio del rectorado o en la barra del Living 33 de Martín Negro Lapalma, saboreando un gin tonic de pomelo (el trago que indicaba que uno era “de la casa”): Cristian “Matt Hungo” Deicas, Héctor “Tito” Bruschini o Alejandro David podrían repetir de memoria unas cuantas.
Todo eso y más fue Enzo Bergesio. Toda la gente que aprendió de él y con la que compartió instantes, risas, y música, mucha música. “En algún lugar, alguien nos espera desde siempre”, decía su admirado Miguel Bertolino, quien seguramente lo recibirá con los brazos abiertos.




