-Se produjo la transformación de la pasión amorosa que, por su propia naturaleza, es un sentimiento paradójico y potencialmente devastador, en un sentimiento romántico, visto como una condición indispensable para la obtención de un matrimonio feliz y para tener una vida más plena y digna para ser vivida. De una manera inédita en un lugar determinado, Inglaterra, y en un momento determinado, el comienzo de la Edad Moderna. La publicación de “Romeo y Julieta” de Shakespeare en 1597, que convirtió a estos dos jóvenes amantes en la imagen idealizada y mítica del amor romántico, puede considerarse como la marca fundamental de la idealización del amor como base y fundamento indispensable de la felicidad conyugal. Fue a partir de ese momento que comenzó a aceptarse y difundirse la idea de que los jóvenes pudieran desafiar la voluntad de sus padres, en nombre del amor, inconcebible hasta entonces. En otros países europeos, esta concepción comenzó a aceptarse, poco a poco, a partir de finales del siglo XVIII. En Francia, por ejemplo, los matrimonios concertados aún persistieron en las primeras décadas del siglo XX. En los países de Oriente, el desafío a las recetas grupales y familiares, en nombre del amor, considerado impensable e inaceptable, no solo socialmente, sino por los propios amantes, ha sido admitido, en cierto modo, recientemente, aunque de manera menor escala, debido a la persistencia del aprecio dado a las personas que optan por renunciar a su amor, si su realización implica la necesidad de faltar al respeto a la lealtad por determinaciones familiares.