En la Inglaterra de 1865, Lewis Carrol publicó una novela que se convertiría en una parte integral de la cultura occidental: “Alicia en el país de las maravillas”, que tendría continuidad seis años después en “Alicia a través del espejo”. Con maestría, Carrol diseña una crítica sobre las costumbres de la sociedad victoriana, sus jerarquías y su puritanismo. A la vez, analiza la crisis de identidad que atraviesa la protagonista en su paso de la infancia a la adolescencia. Cómo escribió André Bretón, el escritor surrealista, en las novelas de Alicia, “la adaptación al absurdo vuelve a admitir a los adultos en el misterioso reino habitados por los niños”.

































