"Ríos por demás crecidos, un verano inesperado, y esa carga tan singular: así podrían resumirse, con la perspectiva del tiempo y de la distancia, para explicar la dificultad paradójica de avanzar en lo llano, nuestras cien leguas de vicisitudes".
"Las nubes" y "El limonero real" fueron reeditadas este mes de agosto por Seix Barral. En tanto, la propuesta "Circuito Saer: La ciudad narrada" se realizará nuevamente este sábado, esta vez en el marco de la Feria del Libro.

"Ríos por demás crecidos, un verano inesperado, y esa carga tan singular: así podrían resumirse, con la perspectiva del tiempo y de la distancia, para explicar la dificultad paradójica de avanzar en lo llano, nuestras cien leguas de vicisitudes".
Seix Barral acaba de reeditar en este mes de agosto que está a punto de finalizar "Las nubes" y "El limonero real", de Juan José Saer. Ambos volúmenes llegaron nuevamente a las librerías con el formato habitual de la colección.
Esto confirma algo que ya viene sucediendo desde el año pasado y es que la obra de "Juani" (con toda posibilidad, el escritor santafesino más importante del siglo pasado) no dejó de reeditarse desde que, en 2025, el sello puso otra vez en catálogo "Nadie nada nunca", "Cicatrices" y "La Ocasión".
Esta novedad casi coincide con un hecho significativo en torno a la figura del escritor. Hace menos de dos meses, la Casa Tomatis, la vivienda de Mendoza 2811 donde Saer pasó su juventud, abrió sus puertas al público por primera vez.
Ese será uno de los puntos del recorrido que este sábado, a las 10, propone el "Circuito Saer: La ciudad narrada": una caminata que partirá del Café Tokio Norte y estará guiada por Javier Mendiondo, Fiama Serra y Juanjo Conti.
La propuesta, que ya se realizó anteriormente, se incorpora esta vez a la programación de la Feria del Libro de Santa Fe para volver a recorrer una ciudad que tiene mucho que ver con la literatura de Saer.
Volviendo a las reediciones, "Las nubes" narra el viaje de un joven psiquiatra que conduce a cinco pacientes desde Santa Fe hasta Buenos Aires, escoltado por soldados, baquianos y prostitutas, en una comitiva de treinta y seis personajes que atraviesa la llanura esquivando obstáculos.
En el camino, la partida se cruza con Josecito, un cacique que toca el violín y frente a quien uno de los locos predica la unidad de la raza americana. La novela transcurre en 1804, antes de las Invasiones Inglesas y de la Revolución de Mayo, un momento en el que, literalmente, no hay imagen del país ni nada está todavía constituido.
Esa elección temporal es el corazón del proyecto saereano, que trabaja sobre la idea de que la historia argentina, como la novela misma, es una falsa epopeya, un relato que se arma y se desarma a medida que avanza.
Publicada originalmente en 1974, "El limonero real" reúne a una familia de pobladores de la costa santafesina en el último día del año, en una jornada que se extiende desde la mañana hasta la noche, cuando la reunión culmina con la comida de un cordero asado.
Dos ausencias hostigan al personaje central, la de su mujer, que se niega a asistir a la fiesta alegando el luto por el hijo muerto, y la del hijo mismo, cuya figura reaparece una y otra vez en el recuerdo.
Saer desarrolla en esta novela, cuyo espíritu captó bien Jorge Fandermole en su canción homónima, uno de sus procedimientos habituales, la lentitud como atención, la demora para mirar lo que casi siempre se deja pasar.
Saer nació en Serodino en 1937, se radicó en Francia desde 1968 y fue profesor en la Universidad de Rennes hasta su muerte en París, en 2005. Ganó el Premio Nadal en 1987 por "La Ocasión", el France Culture en 2003 y el Unione Latina di Letterature Romanze en 2004.
Su obra, traducida a más de veinte idiomas, sigue leyéndose a la altura de Borges, Beckett y Bernhard, y su universo narrativo, construido sobre el litoral santafesino, con personajes e historias que se entrelazan de libro en libro, encuentra en cada reedición una nueva puerta de entrada.
Lo que "Las nubes" y "El limonero real" comparten, más allá de la distancia entre la llanura abierta y la mesa familiar, es esa certeza incómoda respecto a que el pasado (el de un país o el de una familia) no es algo fijo, sino algo que se sigue escribiendo cada vez que alguien abre el libro.
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