Luchino Visconti provenía de una clase aristocrática, pero era consciente de la progresiva decadencia de su clase, ya moribunda desde los albores del convulso siglo XX. Se ocupó de mostrar eso con agudeza (y de una forma bella, gracias a sus conocimientos pictóricos, que supo trasladar a la construcción de sus planos) a través de filmes emblemáticos como “El gatopardo” (1963) y “El crepúsculo de los dioses” (1969). Y algo de eso está presente también en “Muerte en Venecia”, que cumple 50 años desde su premiére en Londres, que se produjo el primer día de marzo de 1971. Es que el protagonista, Gustav Aschenbach, pertenece a un estamento social que languidece en la Europa que antecede al estallido de la Primera Guerra Mundial, que dio por tierra con todos los avances positivistas del siglo XIX.




































