"El recuerdo personal de la guerra es el vivir el día a día, minuto a minuto, en la escuela y en mi casa", dice Marcelino Maina, antes de introducirse en el tema Malvinas en clave histórica. El profesor de Historia (Facultad de Humanidades y Ciencias, Universidad Nacional del Litoral) nació en el '75 y le tocó vivir la guerra siendo niño. "En la escuela se cantaba el himno a las Malvinas cuando se izaba el pabellón nacional. Tuvimos que aprenderlo en el momento", recuerda hoy, a 40 años de aquella guerra con Gran Bretaña, a la que se dedicó a estudiar el resto de su vida, entre otros temas. "Hubo una pedagogía, y no en términos de las Ciencias de la Educación, sino para instalar un hacer y un proceder sobre Malvinas inmediatamente desarrollada la guerra -dice-. Porque el comienzo tomó por sorpresa a toda la sociedad. Hubo una acción deliberada para instalar el tema de parte del Estado".
Sobre aquel recuerdo de niño el historiador rememora y piensa: "Era la radio la que nos permitía conocer algo de lo que estaba sucediendo. Yo iba a segundo grado de la escuela primaria (República de Bolivia) y hasta en los recreos se conversaba entre niños sobre la guerra. Desconocíamos todo el contexto y la tragedia humana que se estaba llevando a cabo por las consecuencias que tendría -dice Maina-. Tengo muy presente ese registro. Y lo utilizo ahora para pensar y repensar las memorias de quienes en ese momento participaron de la guerra".
-¿Qué fue lo que lo llevó a interesarse como historiador en Malvinas?
-Siempre me interesó Malvinas para pensar la invención democrática argentina pos 1983. Me dedico a pensar los fenómenos de transición de autoritarismos a democracias. Y los autoritarismos no se agotan con el final de la dictadura sino que persisten en distintos sectores de la sociedad, en estructuras y microcosmos sociales -dice Maina.
-Para empezar, hay una pregunta que por simple que parezca puede encontrar varias respuestas según desde dónde se la haga: ¿por qué ocurrió la guerra de Malvinas?
-La guerra en Malvinas, y digo "en" para definir el territorio en el que se sitúa el conflicto, se define a partir del comienzo de la constatación de la crisis terminal de la última dictadura militar. Este es uno de los posibles puntos de partida para indagar sobre las razones del conflicto. Pese a ello, el conflicto por dirimir la soberanía territorial en las islas viene de mucho tiempo atrás. Se puede recorrer a lo largo de, al menos, el siglo XX, desde la segunda mitad en adelante con mayor claridad.
La dictadura militar del '76, durante la gestión de la Junta de Comandantes encabezada por Leopoldo Galtieri adopta temprano, en diciembre de 1981, la idea de iniciar una acción que conduzca a la toma intempestiva de las islas y, en ese contexto, lo que está en marcha en la conducción cívico-militar que controla la dictadura es un resquebrajamiento del lugar que ocupan los distintos sectores que validan la dictadura y, por otro lado, en el interior de las FFAA hay desde el inicio de la dictadura facciones que disputan el poder, y que tomaron la guerra como un factor de legitimación de su instalación como gobierno y la resolución de distintas situaciones previas a la llegada de quienes van a ser gobierno del último proceso militar. Pero al mismo tiempo esto repercute en una cuestión que va a recorrer el tema Malvinas desde 1982 hasta la actualidad: la exacerbación de la idea de Nación por sobre cualquier otro fenómeno de representación que se instala en y sobre Malvinas. La idea de Nación, las islas irredentas, el territorio a recuperar, las hijas perdidas, que aparecen en canciones, poemas y alegorías es un recurso muy utilizado para legitimar el comienzo de la acción bélica y, a la vez, intentar resolver las situaciones internas que atraviesa la cúpula de gobierno militar.
-¿Cuáles fueron las consecuencias de la guerra?
-La guerra duró apenas unos meses. Se inicia el 2 de abril (de 1982) con la operación militar de toma de las islas y finaliza con un famoso discurso de Galtieri como presidente de facto de la Argentina y miembro más importante de la Junta Militar, en el que pronuncia aquella frase histórica "Las acciones han cesado en el teatro de operaciones", no marcando la rendición ni el final de la guerra, pero dando a entender que ha terminado el conflicto bélico. Entre el 10 y el 14 de junio finaliza el proceso de enfrentamiento en las Malvinas. Pero en adelante las consecuencias serán imposibles de detener.
"En primer lugar, lo que ocurrió fue la caída de Galtieri y su reemplazo por el último dictador: Reynaldo Brignone; y el comienzo de la apertura electoral, que se constata con un dato en clave política que evidencia las consecuencias inmediatas de la derrota en Malvinas. El levantamiento de la veda política, el 2 de julio del '82, que permite el proceso de reorganización de los partidos políticos y de la sociedad civil", explica Maina.
Archivo El Litoral Ícono. Las islas Malvinas fotografiadas por el satélite argentino SAC-C, que orbita la Tierra a 705 kilómetros de altura.Ícono. Las islas Malvinas fotografiadas por el satélite argentino SAC-C, que orbita la Tierra a 705 kilómetros de altura.Foto: Archivo El Litoral
En ese entonces, "el campo económico ya viene generando una serie de sedimentaciones que ponen en crisis la última dictadura militar argentina, las que pasan básicamente por la crisis de la deuda que asola a toda Latinoamérica y en particular a Argentina, y que va a recrudecerse cuando el Banco Central, a través de una figura clave de la parte final de la dictadura, Domingo Cavallo, decide estatizar parte de la deuda privada. Esto conduce a una crisis importante que va a heredar el primer gobierno democrático luego de diciembre de 1983 (Raúl Alfonsín, UCR).
-¿Qué es lo que vivía la gente de a pie mientras transcurría la guerra?
-Están las memorias de los momentos de la guerra, que sería una inexacta especie de recuerdo, y los estudios que se están desarrollando aún hoy. Cada localidad y cada comunidad argentina tiene sus particularidades. No fue lo mismo el impacto de la guerra, por ejemplo, en la zona patagónica que en la pampeana, por una cuestión de cercanía al teatro de operaciones, o la leva de conscriptos, entre otros aspectos.
-¿Cómo recoge la historia lo que se vivía por aquellos días en la ciudad de Santa Fe?
-Lo que ocurre en la ciudad de Santa Fe no dista de lo que ocurre en el resto de las ciudades centrales del resto del país. La prensa local y nacional, y la sociedad toda, hacen del tema Malvinas un tema de diálogo permanente y de discusión en espacios públicos y privados. Esto termina reforzando la cuestión de cómo la Nación como idea es rápidamente capitalizada como aspiración en un momento de guerra. En cualquier escenario bélico la cuestión de la Nación aparece exacerbada.
-Hubo una plaza llena, ¿se puede decir que fue en apoyo a la guerra?
-El fenómeno capital que actúa como potenciador del desarrollo de la guerra es la incentivación de la idea de Nación y del nacionalismo. Esto se ve reflejado con claridad en una convocatoria masiva a Plaza de Mayo el día posterior a la toma de Malvinas (el 2 de abril). Allí Galtieri se instala desde el balcón de la Casa de Gobierno en un acto de representación de ese aparente triunfo de la Nación Argentina, y quienes participan validan -de alguna manera- no tanto la dictadura pero sí la recuperación de aquel espacio del territorio que Argentina reconoce como propio. Allí se inicia una etapa que perdura hasta nuestros días, que es la vinculación estrecha entre el tema Malvinas, el tema de la Nación o el nacionalismo y, aunque parezca paradójico en estos tiempos, cierta marginación de quiénes fueron los que impulsaron el accionar sobre la invasión o toma de las islas, que fue una dictadura militar.
-¿La malvinización y desmalvinización de la sociedad argentina son antagónicas?
-No se oponen sino que existe una mixtura o entramado entre ambos términos. Los fenómenos de malvinización en la posguerra, seguir evocando a Malvinas como una especie de epopeya, y al mismo tiempo como un lugar problemático y paradigmático para pensar algo que debe ser clave para instalar este debate, el pasaje del autoritarismo dictatorial a la construcción democrática.
El hito de la derrota en Malvinas abre o potencia la transición hacia la democracia. El camino hacia las elecciones de octubre de 1983 se inicia con el levantamiento de la veda política. Y ello es resultado de la derrota militar en Malvinas.
-Se malviniza un discurso en torno a una derrota militar, pero la no renuncia a un reclamo por la soberanía de las islas para amplísimos sectores de la sociedad argentina. El punto es las variadas maneras en que ese reclamo se lleva a cabo y de qué manera se interpreta el cómo debe ser la posible negociación diplomática entorno a la recuperación de las islas Malvinas.
La desmalvinización tiene que ver con un proceso que es mucho más frágil porque abarca, por un lado, lo que ocurre con quienes poniendo el cuerpo y la sangre en el territorio de las Malvinas pasan a ser soldados que combatieron en las islas, también mujeres, que van a reclamar un lugar de reivindicación y dentro de las múltiples formas en las que el tema es recuperado en la historia. Y en esta clave, pensar Malvinas incluye pensar en quienes participaron de la guerra. ¿Pensarlos como ex combatientes, víctimas, héroes, como quienes recuperaron provisoriamente las islas? Cualquiera de estas acepciones se mixtura una con otra y produce distintas interpretaciones que, de acuerdo al campo político en el que nos ubiquemos en la actualidad o en el pasado, evoca de manera diferente el fenómeno Malvinas. Porque no es lo mismo la discusión sobre Malvinas que el debate en entorno a la guerra.
-En el fondo de la cuestión, ¿qué discutimos como sociedad cuando hablamos de Malvinas?
-Para varios autores que estudian el tema, Malvinas representa hoy un hito en torno al cual reflexionar sobre la democracia, la soberanía y los autoritarismo en Argentina.
-¿Se contó la historia de Malvinas tal como fueron los hechos?
-Hay investigaciones que provienen tanto de estudios periodísticos como académicos en los que el hecho en sí de la guerra está hoy aclarado. Ahora bien, en el momento del desarrollo de la guerra, publicaciones como Somos y Gente llevaron adelante un fenómeno que ha ocurrido y seguirá ocurriendo en toda guerra, que es la distorsión de la información al mismo tiempo en que se está desarrollando. Hoy lo vemos en Ucrania. De acuerdo al medio que uno lea, el análisis diario del proceso puede encontrar torsiones y distorsiones muy claras.
-¿Qué pasó con las secuelas de la guerra?
-Es un tema importantísimo. Las memorias individuales y la memoria social no son lo mismo pero se imbrican. Hay personas que actuaron desde el continente y todavía siguen reclamando ser considerados parte de los combatientes que intervinieron en la guerra aunque no estuvieron directamente en las islas. El lugar que ocuparon tras la guerra fue cambiando durante estas cuatro décadas. Y siempre se discutió el cómo denominar a quienes participaron. Además está también el cómo se auto perciben quienes participaron. Para analizar esto es interesante ver cómo llegan las efemérides a las escuelas. La mirada de reflexión crítica sobre el fenómeno está atravesada por la participación de los distintos testimonios de quienes participaron en la guerra.
Entonces, por un lado los estudios académicos y productos periodísticos sobre la guerra se cruzan con los testimonios personales de los protagonistas. El tema es evitar el conflicto entre ambos.
Quienes fueron partícipes necesitan un reconocimiento social. Por otro lado, es imprescindible brindarles una contención para garantizar su salud mental y física. Porque todo escenario bélico trae consecuencias muy trágicas. No hubo un programa estatal ni una política pública del Estado para contener estas situaciones. Los reclamos fueron variando y se fueron acumulando tensiones de manera coyuntural.
-¿Cuáles son las cuentas pendientes de Argentina con el tema Malvinas?
En primer lugar, está pendiente hacia el interior de Argentina la relación de tres vértices: la idea de Nación, cómo nos pensamos en ese sentido, si somos una comunidad de iguales que piensa la idea de soberanía. El segundo vértice es la cuestión Malvinas en sí. Y el tercero, el lugar de la política, pero no partidaria, sino de quienes reflexionan en clave política acerca de cómo pensar el reclamo diplomático y un tema que muchos dejan de lado: hay habitantes en las islas que para Gran Bretaña tienen ciudadanía y hay que debatir qué pasaría con ellos. Hoy la ONU y la Haya está discutiendo qué pasa en los espacios coloniales. Es un tema harto delicado.
Cómo pensar Malvinas sin caer exclusivamente en la evocación y reclamo soberano nacionalista desatendiendo otros aspectos es un tema harto delicado. Además, hoy Malvinas ya no tiene el interés que tenía antes, es mayor, en clave estratégico geopolítico, por los sucesos que están ocurriendo y la reconfiguración del poder a escala global.
-¿Qué debe suceder para que Argentina recupere Malvinas?
-Es una pregunta muy compleja de responder, porque no considero que sea una solución inmediata. No creo que estén dadas las condiciones geopolíticas para que Gran Bretaña entienda que deba realizar una sesión completa.
En segundo lugar, hay que atender la cuestión relacionada con las nuevas generaciones, lo que tradicionalmente se dice Kelpers, para hablar sobre los ciudadanos de las islas.
Y en tercer lugar, se debe reflexionar acerca de que Malvinas es un territorio geopolíticamente importante para Gran Bretaña y para la OTAN (Organización del Tratado del Atlántico Norte) en términos de base militar.
Entonces, no es que yo no desee que vuelva a ser un territorio considerado plenamente argentino, sino que las variables del siglo XXI están cambiando de forma muy vertiginosa desde 2010 en adelante, y ponen a Malvinas en un escenario mucho más complejo que a finales de los '70, cuando Gran Bretaña sí estaba dispuesta a abrir un canal de diálogo diplomático para ver de qué manera ir resolviendo la problemática de la descolonización de sus viejos espacios coloniales, como lo hizo con Hong Kong. La única resolución de este conflicto es diplomática y a largo plazo.