Ese fenómeno se registró en torno a un agujero coronal el 2 y el 3 de julio de 2016 y, aunque los científicos ya habían visto estructuras filamentosas semejantes, en esta ocasión no tenían "una geometría simple que soportaba un flujo de salida estable", según detalla un estudio publicado en The Astrophysical Journal el pasado 19 de enero.



































