Hace aproximadamente un año, cuando Diego Armando Maradona recién estaba arrancando en Gimnasia y Esgrima de La Plata, pidió que consiguieran un sacerdote para hacer la bendición y ahí fue que apareció en escena Gustavo Rubio, cura de la parroquia de María Auxiliadora en Berisso, cuya familia es fanática del club y que todos allí conocían, quien fue el útimo en bendecir al astro del fútbol. "Esa fue la casualidad o la providencia", dijo Rubio.



































