Se dice que el momento más importante de la vida no es cuando nacemos ni cuando morimos ni cuando nos casamos, sino el día que gastrulamos. Nadie puede recordarlo porque pasa cuando somos un embrión de 14 días. Las células madre casi idénticas del embrión comienzan a migrar de aquí para allá y empiezan a formar un cuerpo. Si todo ha ido bien, a los siete días ya se ha formado el plano general de lo que será una persona, con la semilla de sus órganos, incluido un corazón que pronto empezará a latir. Para entonces medimos un milímetro y medio, más o menos como la punta de un lápiz bien afilado.

































