Mucho antes de que Europa soñara con un telescopio, los mayas ya miraban al cielo en busca de sentido. Entre aproximadamente los siglos III y IX d. C., cuando su civilización alcanzó su mayor esplendor –con idioma propio, leyes, arte y ciudades monumentales como Chichén Itzá– la astronomía se integró en su vida ritual y, en algunos casos, también en su arquitectura.


































