Cuando quienes organizan Bioferia anunciaron su llegada a Rosario, el entusiasmo no fue sólo por el desembarco del festival de sustentabilidad, sino también porque implicará un desafío inédito: medir, reducir y compensar el impacto ambiental de un evento masivo en la ciudad. Y es que cada recital, feria o fiesta deja una huella -en emisiones, residuos y transporte- que a menudo pasa inadvertida.
































