Si hay una virtud del ser humano que cada vez se pone más en evidencia, es el deseo de superación, de ir más allá de lo que incluso su cabeza puede llegar a imaginar. Porque creer que alguien sea capaz de hacer un salto de 13.000 metros de altura, a 300 kilómetros por ahora el cuerpo, con 100 grados bajo cero de sensación térmica, es digno de un manicomio.


































