En un primer análisis de su condición se pudo constatar que se trataba de una tortuga adulta de aproximadamente 50 kilos. “Al animal se lo veía bien, pero se procedió a hacer un análisis de sangre para determinar su estado general de salud que resultó ser positivo. Como son animales con respiración pulmonar, las observamos un tiempo para corroborar que no hayan sido afectadas por el síndrome de descompresión, el cual podría generarles una embolia pulmonar por los cambios bruscos en la presión del agua. Por suerte, no fue este el caso”, explicó Vanesa Traverso, bióloga de la Fundación Mundo Marino. Además, como parte del proceso de rehabilitación se mantuvo a la tortuga en una pileta con calentadores para darle confort.