Con la muerte de Felipe de Edimburgo, el Reino Unido acaba de empezar un período de luto oficial que se prolongará hasta su funeral. Por su parte, la reina Isabel II comienza ahora su propio luto, de ocho días de duración, independientemente de cuándo se celebre el funeral –cuya fecha podría precipitarse por la situación pandémica–. Estos ocho días tienen una importancia en el gobierno del país: durante ese período, la reina no firmará ni aprobará nuevas leyes relativas al Consentimiento Real (es decir, las que afectan directamente a la Corona y su organización), y el luto nacional implica apartar los asuntos de Estado durante este período, en señal de respeto. Al menos, hasta después de que Felipe repose en, presumiblemente, el Cementerio Real.


































