Lo que debía ser el viaje soñado de una familia rusa a la isla de Langkawi, en Malasia, terminó en tragedia: Vladimir “Vova” Yakubanets, un nene de apenas dos años, murió tras ser picado por una aguaviva venenosa mientras jugaba en la orilla de la playa Chenang. El pequeño estaba en aguas poco profundas cuando de repente gritó pidiendo ayuda; su mamá lo sacó del mar y lo llevó hacia su papá, que vio cómo, en cuestión de segundos, el niño dejaba de respirar en sus brazos.
































