El príncipe Harry y Meghan Markle llevan casi tres años residiendo en el sur de California, donde se mudaron tras abandonar la casa real. No obstante, conservaron Frogmore Cottage, la casa de Windsor que la difunta reina les obsequió como regalo de boda. De hecho, han seguido utilizándola como base de operaciones en Reino Unido, alojándose allí cada vez que volvían al país en estos últimos años. Pero parece ser que la pareja tendrá que desprenderse de su último vínculo con su vida como royals dejando atrás esta propiedad.


































