El lunes 27 de septiembre de 1926, los santafesinos que compraron un ejemplar de El Litoral encontraron en sus páginas una ventana inmediata hacia acontecimientos ocurridos a miles de kilómetros de la ciudad.
Hace un siglo, los lectores santafesinos podían conocer el mismo día los principales acontecimientos que ocurrían en distintos rincones del planeta gracias al servicio de cables telegráficos, como el tornado que afectó al Paraguay, la pelea Dempsey-Tunney, la huelga minera británica, los grandes vuelos de la época y episodios tan curiosos como la fuga de leones y tigres de un circo francés.

El lunes 27 de septiembre de 1926, los santafesinos que compraron un ejemplar de El Litoral encontraron en sus páginas una ventana inmediata hacia acontecimientos ocurridos a miles de kilómetros de la ciudad.
La edición, correspondiente al Año IX, número 2475, tenía 14 páginas y llevaba en su portada una aclaración que permite comprender cómo circulaba la información internacional hace cien años: “INFORMACION TELEGRAFICA DEL EXTERIOR, CAPITAL FEDERAL Y PROVINCIAS”, obtenida mediante el “SERVICIO ESPECIAL DE LA AGENCIA ‘AUSTRAL’ Y DE NUESTROS CORRESPONSALES”.
La tecnología de las comunicaciones permitía así que las noticias del mundo llegaran a Santa Fe prácticamente en simultáneo con su circulación en otras ciudades. En aquella tapa convivían acontecimientos de América, Europa, Asia y Medio Oriente, junto con noticias nacionales y deportivas.
La magnitud de la catástrofe podía dimensionarse a partir de los números que llegaban desde Asunción. Según los datos oficiales publicados por El Litoral, 179 casas habían quedado completamente destruidas, otras 48 semidestruidas y 13 habían sufrido distintos daños. Además, 117 familias habían quedado sin recursos.
El desastre todavía no había terminado de revelar toda su dimensión. Desde Asunción se informaba que aún quedaba por remover una manzana de escombros y que se esperaba encontrar allí más cadáveres.
“Las personas llegadas de Encarnación, manifiestan que falta remover los escombros de una manzana esperándose hallar más cadáveres”, señalaba el despacho publicado por el diario.
La tragedia había generado además escenas de desorden. El Litoral consignaba que, en medio de la confusión provocada por el fenómeno, habían sido saqueados varios negocios.
Hasta Encarnación había llegado el ministro del Interior paraguayo en un tren especial. Las autoridades evaluaban trasladar a Asunción a algunos de los heridos menos graves que permanecían aislados en viviendas particulares de Posadas. Sin embargo, según el despacho, los propietarios de esas casas se habían opuesto y el traslado había quedado postergado.
A la catástrofe se sumaba el clima. “Durante todo el día de ayer llovió copiosamente”, informaba el despacho procedente de Asunción, una circunstancia que complicaba todavía más las tareas de remoción de los escombros y la búsqueda de víctimas.
La gravedad del desastre había trascendido las fronteras paraguayas y también había llegado al ámbito político argentino. En la misma portada en la que se informaba sobre la situación en Encarnación, El Litoral anunciaba que el Senado argentino había tratado y aprobado sobre tablas un proyecto destinado a entregar 50.000 pesos a las víctimas de Villa Encarnación.
Así, para los lectores santafesinos, el tornado no era una noticia distante: la dimensión de la destrucción, el número de familias afectadas, las tareas de rescate y la ayuda que comenzaba a organizarse llegaban a la ciudad a través de los despachos telegráficos.
Apenas días después de la histórica pelea en la que Gene Tunney había derrotado a Jack Dempsey y conquistado el título mundial de los pesos pesados, la posibilidad de una revancha ya ocupaba espacio en la prensa internacional.
Desde Londres, los cronistas deportivos discutían la posibilidad de que el desquite se realizara en Wimbledon. Según el despacho publicado por El Litoral, Tunney pretendía recibir una bolsa equivalente a la que había obtenido Dempsey en Filadelfia.
El problema estaba en la capacidad de convocatoria. Los cronistas consideraban muy difícil reunir en Wimbledon una cantidad de espectadores semejante a la que había asistido al combate en Estados Unidos. El cálculo difundido era de unas 25.000 libras esterlinas de recaudación por entradas.
Por esa razón, el diario señalaba que ganaba fuerza la opinión de que la revancha en Wimbledon no llegaría a concretarse.
Mientras tanto, desde Nueva York llegaba un detalle de la pelea que había llamado la atención del público. Tunney contó que el golpe que más había sentido durante el combate había sido uno recibido en la garganta.
Según sus declaraciones, el impacto le había provocado una “muñez temporal” y dificultades para respirar. El episodio también explicaba, de acuerdo con el despacho, la ronquera que había mostrado cuando respondió desde los balcones de la municipalidad a las aclamaciones del público.
La pelea seguía, de ese modo, presente en las noticias internacionales aun después de terminado el combate.
Otro de los grandes conflictos internacionales de la jornada era la crisis provocada por la huelga de los mineros británicos.
Desde Washington se informaba que el ministro de Comercio británico, sir Philip Cunliffe-Lister, había calculado en 200 millones de libras esterlinas las pérdidas directas ocasionadas por la huelga del carbón solamente en materia de producción.
El funcionario había advertido además que existían “incalculables pérdidas indirectas”.
“Debemos, en bien de nuestro país, llegar a un arreglo que sea equitativo y basado en las realidades económicas”, había expresado Cunliffe-Lister.
En Londres, mientras tanto, el conflicto tenía consecuencias institucionales. Un real decreto convocaba al Parlamento, que estaba en receso, a una sesión especial para votar la extensión durante un mes más de la ley que había establecido el estado de emergencia en todo el país a raíz de la huelga general de los mineros.
Para el lector santafesino, la crisis británica aparecía así como otro de los grandes acontecimientos que marcaban la actualidad internacional de aquel lunes.
La aeronavegación también tenía un espacio propio en aquella portada. Desde Bagdad llegaba la noticia del arribo del aviador británico Alan Cobham, procedente de Basora, mientras realizaba el vuelo Londres-Melbourne-Londres.
Los grandes raids aéreos constituían entonces verdaderas hazañas seguidas con atención internacional. Y la Argentina también aparecía vinculada a esa época de desafíos y largas travesías.
El diario recogía desde Madrid los comentarios favorables de la prensa española al proyecto de levantar en Buenos Aires un monumento conmemorativo de la hazaña del hidroavión “Plus Ultra”, que había unido España con la Argentina.
La información agregaba que el gobierno español también estudiaba erigir un monumento propio para recordar aquella travesía. La obra sería presentada como una alegoría de los vínculos entre ambos países.
Pero la aventura y los desafíos no se limitaban a los aviones. En Buenos Aires se anunciaba para el 10 de octubre el inicio de un raid automovilístico entre Buenos Aires y Nueva York.
Los protagonistas serían el argentino Ramón Utges, de 23 años; el chileno Francisco Bike y el argentino Bartolo Raggio. Viajarían en un automóvil Ford y contaban con el patrocinio del Automóvil Club Argentino.
El objetivo era completar la travesía en seis o siete meses.
Entre las noticias internacionales que hoy pueden resultar más llamativas aparece un conjunto de informaciones que el diario reunía bajo un tono marcadamente curioso.
Desde Los Ángeles se informaba la muerte, a los 84 años, de Darius Alden, un célebre artista de circo conocido con el apodo de “Pulgarcito” debido a su baja estatura: medía 1,06 metros.
El diario destacaba que había trabajado durante cuarenta años en distintos circos y agregaba un detalle sobre su vida familiar: su viuda tenía 82 años y, según la información publicada, medía exactamente lo mismo que su marido.
Desde Francia llegaba una noticia todavía más insólita. En Lille, por negligencia del cuidador de un circo, se habían escapado ocho leones y dos tigres.
La situación había provocado temor entre los habitantes, que permanecían encerrados en sus casas mientras el personal del circo buscaba a los animales.
Hasta el momento del despacho, indicaba El Litoral, no había que lamentar víctimas.
También desde Constantinopla llegaba otra noticia de tono diferente: el célebre palacio Hildiz, antigua residencia de los sultanes, había sido convertido en casino.
El establecimiento ofrecía juegos y salones de baile donde se escuchaban Charleston y jazz. En la inauguración había participado un centenar de damas de la aristocracia turca, invitadas especialmente por la Prefectura, mientras los jardines del antiguo palacio se iluminaban para una fiesta nocturna.
La portada del 27 de septiembre de 1926 también reunía noticias de numerosos puntos del planeta.
Desde México, se informaba que el expresidente y general Obregón podría dirigir una campaña contra los yaquis si se reforzaban los elementos destinados a combatirlos, mientras el presidente Calles dirigiría las fuerzas federales. El despacho justificaba aquella campaña en términos que reflejaban el lenguaje político de la época.
Desde Washington, en tanto, se seguían las conversaciones vinculadas al pleito chileno-peruano. Los representantes Cruchaga Tocornal y Claro Lastarria habían mantenido una extensa conferencia privada con el secretario de Estado estadounidense Frank Kellogg.
En Nicaragua, la situación revolucionaria seguía siendo motivo de preocupación. El crucero estadounidense “Denver” había llegado a Corinto y una cañonera trasladaba a dirigentes del Partido Liberal hacia Guatemala. Desde El Bluff se describía un panorama de desolación después de los daños provocados por los bombardeos.
En España, mientras tanto, las autoridades informaban sobre el avance de sus fuerzas en Marruecos, con la ocupación de una nueva posición en la región de Ketama.
También llamaba la atención una noticia procedente de El Ferrol: 17 vapores soviéticos, identificados en el despacho como “bolchevistas” y portadores de la bandera roja de los soviets, habían fondeado en Bahía Cariño.
Las autoridades españolas enviaron un guardacostas y dispusieron vigilancia sobre las embarcaciones. Los capitanes afirmaban que habían llegado hasta allí porque se les había terminado el agua fresca.
En Brasil, los diarios de Río de Janeiro comentaban los planes argentinos para renovar sus naves de guerra. Y desde Java llegaba una noticia científica: el profesor Heberlin afirmaba haber descubierto en Trinil un cráneo de “pitecantropo”, que el despacho presentaba como una pieza destinada a completar las teorías sobre la evolución humana.
En Washington, por otra parte, se inauguraba la primera Conferencia Panamericana de Salud Pública, con representantes de numerosos países del continente.
Francia también ocupaba un espacio en la información internacional. Desde Bar-le-Duc se informaba sobre un discurso pronunciado por el jefe del gabinete, Raymond Poincaré, ante el consejo general del departamento del Mosa.
El dirigente se refirió al problema de las deudas y a la política internacional. Según el despacho, sostuvo que Francia nunca había repudiado sus deudas con el extranjero y que estaba dispuesta a pagarlas de acuerdo con su capacidad y con sus posibilidades de transferir dinero fuera del país.
Poincaré también afirmó que Francia no sentía odio hacia su antiguo enemigo y que estaba dispuesta a estrechar sus relaciones.
Pero la situación interna del gobierno francés también era delicada. El primer ministro vinculó la continuidad de su gabinete con las medidas de economía adoptadas y sostuvo que, si el Parlamento aprobaba las protestas de los funcionarios contra la eliminación de empleados considerados innecesarios, su gobierno caería.
La tapa de El Litoral del 27 de septiembre de 1926 permite observar, más que una simple colección de noticias, cómo un diario santafesino construía para sus lectores una imagen cotidiana del mundo.
En una misma edición, los habitantes de Santa Fe podían enterarse de la destrucción provocada por un tornado en Encarnación, conocer las consecuencias de la huelga minera británica, seguir las repercusiones de la pelea entre Dempsey y Tunney, leer sobre los grandes vuelos de la época, conocer los movimientos políticos y, al mismo tiempo, encontrarse con la fuga de diez grandes felinos de un circo francés.
Todo ello llegaba mediante el servicio de cables telegráficos, que permitía que acontecimientos ocurridos en ciudades y países lejanos fueran conocidos en Santa Fe el mismo día en que eran transmitidos.
Cien años después, aquella portada conserva así el valor de una fotografía de época: no solamente muestra qué sucedía en el mundo el 27 de septiembre de 1926, sino también cómo ese mundo era contado y acercado a los lectores santafesinos.





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