Mientras algunos acusan una ONU estancada para cumplir sus objetivos de origen y Turquía no logra nuevos hitos significativos en la búsqueda de paz en Europa del Este, se abre una vacante en las negociaciones de la mesa mundial. Cuando Brasil fue el único país de los BRICS en votar en contra de la invasión rusa en febrero pasado, el gobierno de Lula Da Silva afirmó que está tanto en desacuerdo con la "operación especial militar" del Kremlin dentro de Ucrania, como del conflicto en general. Ese mismo argumento utilizó para explicar por qué no acepta enviar armas a Ucrania, para defenderse. "Queremos estar en la mesa de negociaciones como mediadores", decían por entonces desde el entorno de Lula Da Silva, reflejando qué posición pretendían ocupar en el flujo de intereses cruzados.



































