El Govern balear que preside la socialista Francina Armengol reaccionó ya la semana pasada convirtiendo a las Islas en una de las primeras comunidades donde es obligatoria la mascarilla en todo momento. Sin embargo, la presión de los sectores empresariales, ligados al turismo, ha provocado que se incluyan algunas llamativas excepciones: no es obligatorio llevar mascarilla en la playa ni en los "paseos marítimos" siempre que se pueda garantizar la distancia social. Una salvedad que, aunque no se admita oficialmente, está pensada para salvaguardar la postal turística de Mallorca justo cuando el turismo, que representa más del 30% del PIB de la región, intenta salvarse del naufragio provocado por la pandemia del coronavirus. Ahora el Govern ha dado una nueva vuelta de tuerca, prohibiendo la actividad en las tres calles más icónicas para el turismo de borrachera: tres calles que, gráficamente, son conocidas como la calle del jamón, la calle de la cerveza y la calle de Punta Ballena. Hasta el próximo 15 de septiembre no se podrá abrir allí ni un solo local, sea del tipo que sea.