Durante décadas, el bronceado fue símbolo de estatus y moda. Las pieles doradas marcaron veranos, campañas publicitarias y estilos de vida. Sin embargo, con el avance de los conocimientos médicos sobre los daños que puede causar la exposición prolongada al sol —como envejecimiento prematuro, manchas y un mayor riesgo de cáncer de piel— esa idea se transformó. Hoy, la tendencia global es clara: lucir un tono bronceado ya no implica pasar horas bajo los rayos UV.




































