¿Cómo expresar el dolor? ¿De qué manera insuflar ese sentimiento en un trozo de madera? ¿Cómo lograr conmover al observador? En el siglo XVI, el borgoñón Juan de Juni, aquerenciado en España, logró con sus tallas polícromas alterar el ritmo respiratorio de la feligresía católica y asombrar a los sensibles al arte, religiosos o no, con las piezas maestras de su imaginería manierista; trabajos que anticipaban la exuberancia del barroco por venir.


































