Fue precisamente en los dos últimos gobiernos donde surgieron las mayores expectativas de construcción de la autopista, y por eso la frustración aún está a flor de piel. Tanto con el sistema de Participación Público Privada (PPP) en el período de Cambiemos, como mediante el aporte del Tesoro nacional en la etapa del Frente de Todos, por distintos motivos, los proyectos se desmoronaron. En el primer caso, los sacudones financieros desde 2018, el recorte del presupuesto destinado a obras públicas y la "causa de los cuadernos" (que involucraba a varias de las empresas constructoras) conspiraron contra el objetivo. Después de la derrota electoral de Cambiemos en 2019 y, ya en 2020, con el efecto pandemia y las nuevas turbulencias del tipo de cambio, casi todas las esperanzas se diluyeron. Sin embargo, el gobierno de Alberto Fernández, sorpresivamente, anunció que en mayo de 2021 se iniciaría un primer tramo de la autopista sobre la ruta nacional 33, entre el empalme con ruta nacional 7 y el acceso a San Eduardo. Con la presencia del gobernador Omar Perotti y funcionarios nacionales, la obra se inauguró, pero nunca progresó lo suficiente (en este caso por los insalvables inconvenientes de una de las constructoras de la UTE). Hoy, en la zona de Rufino y Tarragona, los puntos más australes de la provincia, un movimiento de suelos inconcluso y las bases de hormigón de los intercambiadores, son mudos testigos de una realidad que refleja la mediocridad de la clase dirigente argentina de las últimas décadas.