Si en la historia del mueble hay un artefacto caracterizadamente español, ése es el bargueño. Como suele ocurrir en general respecto del origen de los nombres, este caso no escapa a la controversia de los lingüistas. Pero la mayoría acuerda que esa denominación deriva del gentilicio de los habitantes del pueblo de Bargas, situado en un valle que atraviesa el río Guadarrama, región de Toledo, en el reino de Castilla y León. Y, de manera más específica, algún estudioso lo atribuye a un carpintero o ebanista del referido poblado, cuyo apellido se identificaba con el gentilicio: Bargas o Vargas. Sea como fuere, la mayoría coincide en que éste es el mueble español por excelencia, originado en el Siglo de Oro de la creatividad hispana, ciclo que, en rigor, abarcó un horizonte temporal más extenso (desde la conquista de Granada y el descubrimiento de América, en 1492, hasta mediados del siglo XVII).


































