Cuando uno se piensa a sí mismo, lo primero que visualiza es su cuerpo. Ese cuerpo es material y sensible. Sensible al placer o al dolor y es como el living de la casa, por allí entra casi todo y por allí también sale. Somos sensibles por nuestros sentidos: vista, olfato, gusto, tacto y oído. Esas son las ventanas y puertas por donde entra todo lo que sentimos.
































