La libertad es el eje central del pensamiento de Alejandro Korn. En 1920 apareció "La libertad creadora" en la revista estudiantil Verbum, ampliada considerablemente en 1922. Obra que es fiel reflejo de su pensamiento, pero también de su personalidad. En Korn, escribió Eugenio Pucciarelli, “las ideas y el hombre constituían una unidad” (en “Experiencia e Idea de la Libertad en Alejandro Korn”, año 1963).
Para explicar su idea de libertad hay que partir de la existencia de la coacción, que se presenta en diversas formas, en el plano político, económico, religioso, social o intelectual. Luego, como expresó Pucciarelli, hay dos rasgos fundamentales: el primado de la conciencia sobre la cosa (pensamiento idealista), y la distinción entre “modus cognoscendi” y “modus essendi” (orientación criticista).
En el idealismo gnoseológico de Korn, expresó Pucciarelli, la conciencia es una y compleja, nada puede concebirse fuera de ella, porque al pensar algo lo convertimos en contenido de la misma. Ella se nos revela a través de la experiencia de la acción, y se desdobla en un orden subjetivo y un orden objetivo. Este último será objeto de estudio de la ciencia y, el otro, de la filosofía.
A ello se añade el dominio de lo ideal, objeto de la metafísica, que a diferencia de aquellos está más allá de la experiencia, es anhelo de lo absoluto, inaccesible al hombre, al menos en las formas de un conocimiento necesario y universalmente válido. Igualmente, Korn no deja de advertir que la aspiración metafísica es un rasgo inherente al hombre.
El orden objetivo, según Korn, es extenso, mensurable, sus procesos revisten el carácter de necesarios y está sometido a relaciones causales. Aquí no hay lugar para la libertad, rige el determinismo (no habla de la naturaleza en sí, sino de nuestro conocimiento de ella). A este orden se enfrenta el sujeto que es espontáneo, siente, juzga, quiere y su voluntad reacciona ante los objetos.
La obra del hombre es la cultura. Es un orden subjetivo donde reina la libertad, que para Korn es un rasgo intrínseco del hombre. La libertad se plantea dentro de la experiencia y no se revela directamente, sino que es un estado de ánimo que nace cuando la voluntad tropieza con la resistencia de obstáculos. La coerción es el hecho primario y, afirmó Korn, “la libertad es ausencia de coerción”.
En la obra de Korn, señaló Eugenio Pucciarelli, pareciera surgir la contradicción de atribuir y a la vez negar a la libertad el carácter de hecho. Pero ello se despeja al considerar la libertad en dos aspectos. El primero es entender la libertad como un hecho, y diferenciar entre libertad de querer y de hacer. El segundo, distinguir entre espontaneidad de la voluntad y liberación de la coerción.
La libertad de querer se hace evidente cuando decidimos, elegimos o resolvemos, que es cuando el sujeto, a decir de Korn, es autónomo y no soberano, su poder no está a la altura de su querer. Con la experiencia de la coacción vamos a la libertad de hacer, la cual se revela como un hecho en el estado de ánimo surgido del enfrentamiento con la coacción, que Pucciarelli denomina liberación.
Si la coacción es externa, restringe o suprime el ejercicio de las libertades política, económica, religiosa, etc.; y, cuando es íntima, consiste en la inhibición a través de instintos, pasiones o prejuicios. La emancipación de estas últimas es la libertad moral. Pucciarelli advirtió que el objetivo final es someter el orden natural a uno moral, que representaría el triunfo de la personalidad.
El segundo aspecto, se trata de entender en qué consiste el hecho de la libertad. En este sentido, Korn sostuvo que la libertad es “el impulso espontáneo que es fuero de la personalidad humana”. Buscó subrayar el carácter creador de la libertad, en donde, según Pucciarelli, Korn resaltó la espontaneidad de la voluntad, la energía del hombre que tiende a desplegarse en acción.
Como Korn definió la libertad como “ausencia de coerción”, para Pucciarelli se afirmó implícitamente que, en uno de sus aspectos, la libertad es una meta a alcanzar, una finalidad. No le es dada al hombre, tiene que conquistarla, un anhelo a lograr. Korn resaltó el carácter creador de la libertad, su impulso dinámico, dirigido a un fin: la plenitud de la personalidad.
Entonces, aquella supuesta contradicción desaparece, expresó Eugenio Pucciarelli, al establecerse que la libertad se presenta en la personalidad en modos deficientes (la libertad como un hecho), que incitan a alcanzar sus modos plenos a través de la acción emancipadora (la libertad como finalidad).
Estas son las ideas de un pensador que, como expresó Luis Farré, filosofaba como fundamental función de su existencia. El propio Korn fue claro al respecto, “la filosofía no tiene la última palabra, porque la vida es acción, tarea perpetua y no un teorema (…) La teoría marcha claudicante detrás de los hechos. Pero el principio que los mueve lo dejamos señalado: llamémosle la libertad creadora”.
Por la acción el hombre se va forjando una cultura, la cual le permite emanciparse de cualquier servidumbre que lo aceche. Una cultura que es obra de la voluntad de cada uno, voluntad que quiere libertad y, esperemos, que esta sea, como enseñó Alejandro Korn, una libertad creadora.
Ante esta idea de la libertad, resulta interesante observar la semejanza con la que tenía la juventud reformista de 1918. En el Manifiesto Liminar, expresaron que "desde hoy contamos para el país una vergüenza menos y una libertad más. Los dolores que quedan son las libertades que nos faltan". Al igual que Korn, "la coerción es el hecho primario" y "la libertad es ausencia de coerción".
Los reformistas lucharon ante diversas formas de coerción para conquistar la libertad que no tenían. Las metas alcanzadas acentúan el carácter creador de la libertad lograda, pero todo ello no rendirá los frutos deseados si no se toma consciencia de la importancia de hacer realidad uno de los ideales reformistas, no logrado aún en su cabal plenitud, la formación humanista del estudiante.
Efectivamente, en “Reforma Universitaria y Cultura Nacional” (año 1950), Gabriel Del Mazo expresó que “la justa crítica a nuestra Universidad profesionalista, es porque no forma profesionales humanizados, ya que siendo unilateral la formación que da al estudiante, en cuanto hombre, lo desequilibra culturalmente".
Una formación humanista es esencial para el estudiante, el profesor y el graduado, porque co-gobiernan la Universidad. Tendrán la defensa de la autonomía, la gratuidad, el ingreso irrestricto y el fomento de la extensión universitaria. Los profesores enseñar bajo la docencia libre, respetar la periodicidad y libertad de cátedra y, los estudiantes, asumir con responsabilidad la asistencia libre.
La realidad de nuestras Universidades públicas, en su aspecto educativo y pedagógico, no nos debería hacer dudar que el problema esencial no está en la forma y cantidad, sino en la calidad y contenido, si es que pretendemos que la Universidad sea, como enseñó el filósofo José Ortega y Gasset, un "poder espiritual".