Acosado por los piratas que robaban el trigo que debía llegar desde Egipto; por los bárbaros que acechaban desde las orillas del Rin y el Danubio; por la escasez de metales preciosos y por la propia corrupción política de Roma, el emperador Caracalla -S.III d.C.- aumentó impuestos. Pero eso no alcanzó y tuvo una idea: quitar plata metálica al "denario", la moneda circulante. Eso arrastró incluso al "aereus", hecho con oro para usar en grandes transacciones.




































