Durante la primavera de 2006, preocupados por el aumento de casos de niños con emponzoñamiento por escorpiones, veterinarios y médicos pediatras se reunieron en Esperanza, provincia de Santa Fe. Se invitó a participar del encuentro científico a un especialista de prestigio internacional que trabajaba en la ciudad de Buenos Aires. Generoso, el experto aceptó viajar por vía terrestre para que los santafesinos no tuvieran que gastar en pasajes aéreos.



































